En esta isla circular con una laguna casi inexistente, el tiempo parece haberse detenido, suspendido al ritmo de sus habitantes. Cultivan la paz y el respeto por la naturaleza, virgen como el primer día. Además, la isla es uno de los últimos refugios de una especie de ave en vías de desaparición, el lori de Rimatara o vini ‘ura, cuyo plumaje atornasolado ilumina el cielo de la isla. Accesible en barco con el “Tuhaa Pae” y más recientemente en avión, el viaje hasta Rimatara cumple todas sus promesas, como sólo las islas remotas pueden hacerlo.
La principal ocupación de la población, aparte de la agricultura, sigue siendo el arte del trenzado y en particular la preparación de hojas de fara pae’ore (variedad de pandanus sin espinas) que sirven de material de base para fabricar objetos trenzados.
El templo de Mutuaura, construido en 1857, cuyas ventanas en forma de ojiva atraen a los visitantes;La bahía natural de Mutuaura, con una longitud entre 800 y 1.000 m, en medio de la cual se encuentra un islote propiedad de los descendientes de los grandes jefes de la isla;El baño de las vírgenes, una piscina natural cerca del motu Rare-apo, que, según la leyenda, acogió los amores prohibidos entre dos hermanos.